MAR DESCONOCIDO

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Se sintió vacía, era como si hubiera perdido partes de ella por todos los lugares por los que iba pasando, sus alas ya no le permitían volar tan alto como podía. Se preguntaba por qué era tan difícil ser uno mismo en este mundo en el que vivimos, porqué nos ponemos límites los unos a los otros. Dejarse llevar a veces no es fácil si te cortan el paso, si te van poniendo piedras allí dónde pisas, y al final uno se cansa de tanto escalar, aunque no hay que rendirse nunca.

Se sintió sola, quizás un poco incomprendida, y hasta perdida, su corazón latía muy deprisa y estaba muerta de miedo. No es fácil entrar en terreno desconocido, no sabes por dónde van a atacarte, o por el contrario si van a recibirte con los brazos abiertos y una sonrisa. Ella no era de las que se asustaban fácilmente, era de las valientes, de las que a pesar de estar asustadas se lanzan al vacío a ver qué pasa, y se lanzó. Puede que en algunos momentos se arrepintiera, pero solo eran eso, momentos, tan efímeros como un suspiro. Luego se acordaba del momento en que cogió impulso y se le pasaba, seguía fiel a sí misma, no pensaba abandonar la locura por descubrir lo que le aguardaba la vida, no había nacido para seguir en la comodidad de lo conocido.

Sabía que tenía que ser paciente, que encontrarse en ese mar desconocido no iba a ser fácil, pero anhelaba un hombro en el que apoyarse, y unos brazos que la rodearan para sentirse más segura entre tanto animal. Tan solo necesitaba un abrazo, uno de esos tan dulces que te dejan sin aliento, de los que te recuerdan que el corazón sigue latiendo, que vale la pena seguir viviendo y navegando por ese mar desconocido, que puede albergar nuestra felicidad más absoluta. Buscándola siempre.

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PRIMAVERA

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Nací en primavera, entre árboles floreciendo y justo en el momento de enviar el abrigo al rincón del olvido, a ese al que acudimos antes de que termine el otoño. Nací entre los que se desprenden de lo que ya no es necesario, los que se desahogan para no ahogarse. Llegué en ese preciso momento en que abandonaban el frío, en el que la calidez iba impregnando sus cuerpos, en ese momento en que a todos les da por bailar y sonreír.

Quizá sea por eso que hoy me creo poder volar, que me desprendo de todo lo que pesa y ya no necesito, quizá sea el motivo de sentirme tan libre y tener tantas ganas de sonreír a la vida, porqué pintada de primavera aun es más alegre y bonita.

Nací entre hormonas revolucionadas por la llegada del calor, entre mariposas revoltosas que invadían estómagos y en el mío ya se quedaron a vivir para siempre, por eso ese cosquilleo continuo, esa ilusión que permanece siempre, hasta en invierno, esas ganas de querer, y de querer bien.

Ojalá todos fuéramos primavera los 365 días del año, ojalá fuera eterna.

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*Photo: Marta Morera Nieto – Podéis seguirla en instagram: @marrtamn y en su página de facebook: MARTAMN PHOTOGRAPHY

EL CÍRCULO

 

Tuvo esa sensación de estar atrapada en el tiempo, aunque todo a su alrededor seguía el curso natural de la vida, todos menos ella. Era como si estuviera haciendo algo mal, y se empeñaba en buscar los errores, pero no los encontraba, la única forma que se le ocurría para ir al mismo ritmo que los demás era renunciar a ser ella misma. Cuando por un momento se planteaba esa opción no podía evitar reírse de sí misma, ni loca, por nada del mundo renunciaría a ser quién era.

Creía que sería así para siempre, que ella sería eterna, y sus sentimientos también, creía en el hoy, y el ayer aún le parecía presente, el futuro no existía, para ella solo era una ilusión, creada por aquellos que no querían disfrutar del presente y le tenían miedo. Estaba demasiado convencida de que su postura era la correcta y que eran los demás los que se equivocaban continuamente, aunque lo respetaba.

Su actitud la trajo a un mundo en el que cada vez quedaban menos, en que todos a su alrededor iban y venían, ella siempre permanecía, y parecía que así iba a ser para siempre. Aun tener firmes convicciones, a veces se sentía sola, y “a veces” cada vez significaba muchas veces, pero jamás seria para siempre.

Estaba convencida de que no valía la pena luchar por aquellos que nunca dieron nada por ella, sabía que deshacerse de cargas innecesarias la haría más ligera, más libre. Entonces se fue liberando de todas esas almas que solo la entorpecían, quedándose con un pequeño círculo de almas que la seguían allí dónde fuera, que la querían pese a su retorcido carácter, que no se olvidaban de ella a medida que las nubes se instalaban en sus caminos.

Con el tiempo ese pequeño círculo se volvió tan valioso como las estrellas, era el centro de su pequeño universo, su fuerza, sus manos y su libertad. La calidad de lo que la rodeaba era de tal calibre que se sintió ridícula por haberse sentido sola alguna vez, por creer que 10 era mejor que 5.

 

LA LLUVIA

Bajo aquella manta de terciopelo, color azul cielo, se resguardaba del frío y del mundo, hasta incluso de sí misma, con su imprescindible tazón de café con leche, tan caliente que si se lo acercaba demasiado se le empañaban los cristales de las gafas.

Acompañada de su novela favorita no se sentía sola, porque no necesitaba la compañía de nadie, ni de un televisor o de una radio, no quería nada que pudiera romper el silencio, ese que se sumaba con el dulce sonido de la lluvia, su sinfonía preferida.

Pese a estar perfectamente refugiada del mundo, no pudo evitar levantarse de su cómodo sofá para acercarse a la ventana, le encantaba ver como el cielo empapaba la ciudad de magia, la forma que tenia de despertar a todos aquellos que pese a tener los ojos abiertos seguían dormidos, aunque solo fuera para dejar claro que estaba lloviendo. Aquella tarde en la ciudad todos lo sabían, y los que aún no se habían percatado de ello en breves lo harían.

Llovía tanto que en los cristales del ventanal ya no podían apreciarse las gotas de agua y, sin darse cuenta, el tiempo fue pasando y el café al final se enfrió, estaba tan concentrada observando cómo la lluvia caía sobre la ciudad que se le olvidó pensar en él.

Cuando se dio cuenta de lo que había sucedido, amó aun más la paz que le trajo la lluvia, tanto que no quiso perderla, se quedó observando el café frío y decidió recalentarlo. De nuevo, con su tazón bien caliente y su libro, se adentró en ese estado de paz del que no quería salir, desando que la lluvia no cesara.

Aunque la lluvia, como las personas o la paz, es efímera. Es por eso que siempre que llueve sonríe y se prepara para disfrutar de ella tanto cómo dure, como si fuera para siempre.

ADIÓS

 

Decir adiós quizá sea una de las tareas más difíciles a las que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida, aunque hay despedidas que duelen más y otras un poco menos, hasta hay algunas en las que ni nos inmutamos, simplemente nos vamos y lo dejamos atrás, como si nada.

Hoy quiero hablaros de aquellas que nos dejan un sabor agridulce, de las que aún a sabiendas de que van a llegar y creer que estamos preparados para cuando llegue el momento, duelen, parece que no van a llegar y de repente te encuentras con un capítulo más de tu vida acabado y cerrado. Y aunque lo intentes, sea como sea, no puedes volver ni corregir los errores, lo hecho, hecho está, y así vas cerrando capítulos y empezando otros. Cuando empiezas, tienes una presión en el pecho que te dificulta la respiración y te nubla los pensamientos, es como si aún siguieras atrapado en aquél momento, lo piensas y de alguna forma desearías que aquello no hubiera terminado aún a sabiendas de que lo que nos espera puede ser mucho mejor. Tenemos miedo, miedo a lo que desconocemos, miedo a enfrentarnos a nuevos retos, y la comodidad y seguridad de lo conocido es nuestro mejor calmante, pero cuando se acaba nos asustamos tanto que hasta nos escondemos entre las sábanas, creyendo que así estaremos más seguros.

Que sí, que decir adiós nos cuesta, y mucho, pero lo que realmente nos cuesta es superar el miedo, dejarlo atrás, las despedidas no suelen gustarnos mucho, porqué nos duelen. Para que deje de doler solo hay que echar el miedo, y si es necesario a patadas. El día en que dejemos de sentir tanto miedo, cada vez que hay que dar un paso hacia delante, dejará de dolernos tanto, porqué seamos sinceros, somos humanos y nacemos con el miedo instalado en nuestros cuerpos, pero solo depende de nosotros cultivarlo o no.

QUIÉREME LEJOS

 

 

Ya no hay sitio,

parece que las heridas han cicatrizado muy rápido,

apenas duelen, apenas pueden verse.

Hoy estoy yo aquí y tú ya no estás,

creo que te fuiste para no volver.

No sufras, si quieres volver tendrás una habitación de invitados,

pero solo podrás usarla algunos segundos,

olvídate de ocupar más que eso.

Olvídate de quererme, aunque yo te seguiré queriendo, pero muy lejos de aquí,

tan lejos como las estrellas,

aunque a veces te sienta muy cerca, no será más cerca que la luna.

Si algún día te da por quererme, no seas tonto, quiéreme lejos.

De esta forma te querré y me querrás bien,

de esta forma ambos estaremos a salvo,

el uno del otro.

DEDÍCATE A SER TÚ

Abrázate, no temas, sé valiente, vale la pena. Inspira y respira. Tápate los ojos si quieres, aunque tan solo sea unos segundos, lo necesario para coger impulso, volver a abrirlos y seguir.

Si lo necesitas deja que las lágrimas recorran tu rostro, no hay nada de malo en ellas, todo lo contrario, son signo de vida, y a veces nos recuerdan que estamos vivos. En ellas afloran los sentimientos más profundos, deja que hablen, libéralos y libérate.

Fluye, deja de atarte con cadenas siempre al mismo árbol, desátate, muévete, explora, abandona los límites, pasa de largo, en definitiva vive un poco. No permitas que la comodidad se instale en ti, porqué si te despistas puede que mueras, quizá sigas respirando, pero olvídate de estallar de felicidad algún día.

Quítate ese disfraz, el que usas para actuar en contra de todo aquello en lo que de corazón crees, ese que usas para sentirte un poco más cerca de los demás y un poco más lejos de ti. Ese que ya te hace dudar hasta de quién eres.

Dedícate a ser tú, a ser quién quieras ser, cuándo y dónde quieras, déjate llevar por lo que te grita el alma. Pon un poco de confianza en tu verdadero “tú”, la solución a los problemas nunca ha sido desaparecer, así que haz el favor de volver.

Ya por último quiérete y nunca tengas miedo a hacerlo, deja de dudar y hazlo.