LO QUE NO VES

Awesome.:

No soy lo que ves, soy lo que oculto, todo aquello que se esconde tras mi rostro. Soy ojos que lloran sin derramar lágrimas, que brillan cuando en verdad están inmersos en la oscuridad. Soy todos los “sí” que no digo al pronunciar “no”, todas las palabras que solo oigo en mi cabeza y no consiguen salir. Soy el deseo que escondo tras el pecho, ese que niego si me preguntan, soy el fuego que escondo tras el hielo. Soy las ganas de más cuando pronuncio la palabra “suficiente”. Soy un corazón hecho trizas y lleno de cicatrices, aunque creas que esté bien, aunque sonría y te diga que ya no me duele. Soy todos los abrazos que mis brazos no dan, soy todos los pasos que doy sin apenas mover los pies.

Soy todas las ilusiones que no te cuento para que no te asustes, todas las aventuras en las que me embarco mientras suena esa canción que me recuerda un poco a ti y un poco a mí, soy todos esos  “muchos” que hay detrás de “pocos”. Soy todas esas caricias que te hago sin apenas tocarte, incluso estando a muchos kilómetros de distancia. Soy todo el amor que no me dejas mostrarte, soy todas esas risas que escondo cuando te pones serio. Soy todos esos planes que imagino y ejecuto solo en mi mente. Soy toda la fuerza que retengo por miedo a que llegue el día en que la suelte y se produzca una gran catástrofe.

Soy carne y hueso, y un puñado de “te quieros” que se quedaron atrapados en la garganta y no pudieron salir.

ILÓGICO

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No hay que ir buscando razones lógicas a todo, tenemos esa estúpida manía, incluida yo, tampoco hace falta dar a entender que es imposible engancharse a alguien en una semana, días e incluso horas. Hay cosas que ocurren porqué sí y sentimientos que afloran sin razón, no existen los imposibles y menos cuando se trata de amor. Pueden bastar minutos para sentir que algo se despierta dentro de nuestras almas, con tan solo una mirada o la proximidad de dos cuerpos, es alucinante y misterioso, pero es así y hay que asumirlo. A veces ocurre cuando menos te lo esperas y con quién no creías, pero ocurre, y no hay mucho que hacer.

A mí me ocurrió la primera vez que te vi sonreír, y de hecho fue a los pocos segundos de vernos, lo sentí y los minutos fueron pasando, entonces ya no cabía duda de que lo más probable fuera que me volvieras loca de remate. Efectivamente me volví loca, te pensaba durante todo el día, tenía esa necesidad constante de saber de ti, de hablar contigo, de contarte hasta la tontería más tonta. Quería compartirlo todo, sí, tenías razón, no te conocía suficiente, pero ¿quién marca los umbrales para decidir si es suficiente o no? Puede que yo sea más de las que se dejan llevar por lo que sienten, una de esas impulsivas aventureras que no piensan en lo que ocurrirá mañana, y aun pensándolo deciden guiarse por sus sentimientos.

Ahora que te me escapas como la arena entre los dedos, ahora que noto como te vas alejando, te echo de menos. Para ti seguramente será una gran gilipollez y me tomarás por una loca, pero es así, me muero de ganas de ti, y son tantas que hasta siento una pequeña opresión en el pecho, ilógica sí, pero tan real como tú y como yo.

QUÉDATE

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¿Por qué no saltamos juntos al vacío? ¿Por qué no compartimos el vértigo de lanzarse a lo desconocido? Tú y yo, juntos de la mano. ¿Por qué no me prestas tus brazos y tus abrazos? Quizá tu cariño sea la pieza que me falta para flotar. Que esto no se quede en un cruce de palabras, atrévete, deja que las palabras vuelen, pero tú mejor quédate, con los pies en la tierra, que ya me aseguraré yo de que  vueles también, sin necesidad de abrir las alas. Pero sobretodo no te vayas, quédate, siempre.

MAR DESCONOCIDO

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Se sintió vacía, era como si hubiera perdido partes de ella por todos los lugares por los que iba pasando, sus alas ya no le permitían volar tan alto como podía. Se preguntaba por qué era tan difícil ser uno mismo en este mundo en el que vivimos, porqué nos ponemos límites los unos a los otros. Dejarse llevar a veces no es fácil si te cortan el paso, si te van poniendo piedras allí dónde pisas, y al final uno se cansa de tanto escalar, aunque no hay que rendirse nunca.

Se sintió sola, quizás un poco incomprendida, y hasta perdida, su corazón latía muy deprisa y estaba muerta de miedo. No es fácil entrar en terreno desconocido, no sabes por dónde van a atacarte, o por el contrario si van a recibirte con los brazos abiertos y una sonrisa. Ella no era de las que se asustaban fácilmente, era de las valientes, de las que a pesar de estar asustadas se lanzan al vacío a ver qué pasa, y se lanzó. Puede que en algunos momentos se arrepintiera, pero solo eran eso, momentos, tan efímeros como un suspiro. Luego se acordaba del momento en que cogió impulso y se le pasaba, seguía fiel a sí misma, no pensaba abandonar la locura por descubrir lo que le aguardaba la vida, no había nacido para seguir en la comodidad de lo conocido.

Sabía que tenía que ser paciente, que encontrarse en ese mar desconocido no iba a ser fácil, pero anhelaba un hombro en el que apoyarse, y unos brazos que la rodearan para sentirse más segura entre tanto animal. Tan solo necesitaba un abrazo, uno de esos tan dulces que te dejan sin aliento, de los que te recuerdan que el corazón sigue latiendo, que vale la pena seguir viviendo y navegando por ese mar desconocido, que puede albergar nuestra felicidad más absoluta. Buscándola siempre.

PRIMAVERA

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Nací en primavera, entre árboles floreciendo y justo en el momento de enviar el abrigo al rincón del olvido, a ese al que acudimos antes de que termine el otoño. Nací entre los que se desprenden de lo que ya no es necesario, los que se desahogan para no ahogarse. Llegué en ese preciso momento en que abandonaban el frío, en el que la calidez iba impregnando sus cuerpos, en ese momento en que a todos les da por bailar y sonreír.

Quizá sea por eso que hoy me creo poder volar, que me desprendo de todo lo que pesa y ya no necesito, quizá sea el motivo de sentirme tan libre y tener tantas ganas de sonreír a la vida, porqué pintada de primavera aun es más alegre y bonita.

Nací entre hormonas revolucionadas por la llegada del calor, entre mariposas revoltosas que invadían estómagos y en el mío ya se quedaron a vivir para siempre, por eso ese cosquilleo continuo, esa ilusión que permanece siempre, hasta en invierno, esas ganas de querer, y de querer bien.

Ojalá todos fuéramos primavera los 365 días del año, ojalá fuera eterna.

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*Photo: Marta Morera Nieto – Podéis seguirla en instagram: @marrtamn y en su página de facebook: MARTAMN PHOTOGRAPHY

EL CÍRCULO

 

Tuvo esa sensación de estar atrapada en el tiempo, aunque todo a su alrededor seguía el curso natural de la vida, todos menos ella. Era como si estuviera haciendo algo mal, y se empeñaba en buscar los errores, pero no los encontraba, la única forma que se le ocurría para ir al mismo ritmo que los demás era renunciar a ser ella misma. Cuando por un momento se planteaba esa opción no podía evitar reírse de sí misma, ni loca, por nada del mundo renunciaría a ser quién era.

Creía que sería así para siempre, que ella sería eterna, y sus sentimientos también, creía en el hoy, y el ayer aún le parecía presente, el futuro no existía, para ella solo era una ilusión, creada por aquellos que no querían disfrutar del presente y le tenían miedo. Estaba demasiado convencida de que su postura era la correcta y que eran los demás los que se equivocaban continuamente, aunque lo respetaba.

Su actitud la trajo a un mundo en el que cada vez quedaban menos, en que todos a su alrededor iban y venían, ella siempre permanecía, y parecía que así iba a ser para siempre. Aun tener firmes convicciones, a veces se sentía sola, y “a veces” cada vez significaba muchas veces, pero jamás seria para siempre.

Estaba convencida de que no valía la pena luchar por aquellos que nunca dieron nada por ella, sabía que deshacerse de cargas innecesarias la haría más ligera, más libre. Entonces se fue liberando de todas esas almas que solo la entorpecían, quedándose con un pequeño círculo de almas que la seguían allí dónde fuera, que la querían pese a su retorcido carácter, que no se olvidaban de ella a medida que las nubes se instalaban en sus caminos.

Con el tiempo ese pequeño círculo se volvió tan valioso como las estrellas, era el centro de su pequeño universo, su fuerza, sus manos y su libertad. La calidad de lo que la rodeaba era de tal calibre que se sintió ridícula por haberse sentido sola alguna vez, por creer que 10 era mejor que 5.

 

LA LLUVIA

Bajo aquella manta de terciopelo, color azul cielo, se resguardaba del frío y del mundo, hasta incluso de sí misma, con su imprescindible tazón de café con leche, tan caliente que si se lo acercaba demasiado se le empañaban los cristales de las gafas.

Acompañada de su novela favorita no se sentía sola, porque no necesitaba la compañía de nadie, ni de un televisor o de una radio, no quería nada que pudiera romper el silencio, ese que se sumaba con el dulce sonido de la lluvia, su sinfonía preferida.

Pese a estar perfectamente refugiada del mundo, no pudo evitar levantarse de su cómodo sofá para acercarse a la ventana, le encantaba ver como el cielo empapaba la ciudad de magia, la forma que tenia de despertar a todos aquellos que pese a tener los ojos abiertos seguían dormidos, aunque solo fuera para dejar claro que estaba lloviendo. Aquella tarde en la ciudad todos lo sabían, y los que aún no se habían percatado de ello en breves lo harían.

Llovía tanto que en los cristales del ventanal ya no podían apreciarse las gotas de agua y, sin darse cuenta, el tiempo fue pasando y el café al final se enfrió, estaba tan concentrada observando cómo la lluvia caía sobre la ciudad que se le olvidó pensar en él.

Cuando se dio cuenta de lo que había sucedido, amó aun más la paz que le trajo la lluvia, tanto que no quiso perderla, se quedó observando el café frío y decidió recalentarlo. De nuevo, con su tazón bien caliente y su libro, se adentró en ese estado de paz del que no quería salir, desando que la lluvia no cesara.

Aunque la lluvia, como las personas o la paz, es efímera. Es por eso que siempre que llueve sonríe y se prepara para disfrutar de ella tanto cómo dure, como si fuera para siempre.