CUERPOS DE HIELO

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A veces me da miedo hablar de él, a veces lo siento tan arraigado a mí que incluso le oigo gritar. Es que tiemblo si lo pienso, sí, lo reconozco, lo oculto tanto como puedo. No quiero que se apodere de mí, por eso lo agarro muy fuerte, para que se quede ahí y no salga, no vaya a ser que grite y la ciudad se despierte, no vaya a ser que todos se den cuenta que me tiembla la voz.

Y es que esa coraza que nos hemos construido no nos deja ni siquiera hablar de él, no nos permite ni nombrarlo y si alguien lo hace es que está loco, pero no un loco cualquiera si no uno de los que necesitan ayuda profesional. No nos permitimos dejarlo ir, nos han enseñado que es mejor así, fingir que no existe, aun a sabiendas de que está ahí, a ser duros con el mundo y con nosotros mismos aún más, que eso es lo que importa, ese es el camino al éxito.

Nos hemos convertido en cuadrados porqué ya nos da miedo rodar. Nos hemos quedado helados por el frio que aun está por llegar, tanto que ahora somos el hielo que no se deshace ni en el corazón de un volcán.

Pero no siempre es así, cuándo nadie nos ve, cuando nos cobijamos en nuestros hogares, abrimos una botella de vino y a veces lloramos, otras gritamos, o todo a la vez, la cuestión es sacarlo todo. Ese es el momento en que somos nosotros mismos. Empieza a deshacerse el hielo y arden los corazones, es ese momento en que nada importa porqué no hay nada, tan solo nosotros y el miedo, un cara a cara, y lo que ocurre es que casi siempre le ganamos, quizá no basta con un solo enfrentamiento, puede que necesitemos más de uno o más de 10, lo que está claro es que tarde o temprano lo acabamos venciendo, ¿la prueba? Seguimos vivos.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que cuando sacamos el miedo, aunque sea a golpe frio, cuando nos enfrentamos a él, es cuando somos más valientes, después de todo somos capaces de seguir sonriendo, más vivos, más libres, y esto no es lo que nos contaron, y en ese momento nos abrazamos muy fuerte.

Aun así no tardamos en salir a la calle y nos faltan segundos para decidir que es mejor esconderlo, que no parezcamos débiles, que no seamos carne de cañón, que no nos coman, aunque el de al lado esté igual de asustado, qué más da.

Nos da por creer que enfrentarse al miedo es un asunto personal, quizá sea por eso que en ocasiones tenemos que correr para poder escondernos en cualquier lugar y sacarlo, aunque sea escondidos detrás de la barra de un bar. Quizá sea por eso que el mundo parezca estar lleno de cuerpos de hielo.

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MELENA DESPEINADA

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Tú, loca por todas esas noches que están por venir, melena al viento y despeinada que sigues sin atar. Tú, que regalas sonrisas a todo aquél que se cruza en tu camino, que muchas veces te pierdes y otras tan solo te autoconvences de que andas perdida, quizá sea por tus ansias de perderte. Tú, criatura rebelde que no entiende de convencionalismos, ni de tradiciones, solo esas que tú te inventas, esas que tienen un sentido especial para ti y para los tuyos, hasta dejas que los demás las compartan contigo. Tú, generosidad que no pierdes ni por los que alguna vez te han dado la espalda.

Tú, palabras al viento que salen con una rapidez que ni tú eres capaz de alcanzar, que se mezclan, hasta les faltan letras y muchas ni se entienden, sí, esas que solo entiendes tú, y las dejas ir, como todo lo que amas, libre, como tú.

Tú, que un día decidiste regalar tu mejor sonrisa, a ese loco que te volvía aún más loca, a ese al que no le gustaban las melenas recogidas, ese al que dejabas tocarte con tan solo mirarte, al que invitaste a entrar en tu vida, aunque solo fuera temporal, una semana, un mes, un año y, si te descuidas, casi toda una vida. Tú, que no le pones límites a nada. Tú, que estás tan loca que hasta abres tu corazón al primero que te da un poco de cariño y algo de libertad.

Tú, que crees en el amor más puro, ese que se encuentra en el centro de todos los sentimientos, esos que cambian según como sople el viento, esos que se encienden con miradas y se apagan con palabras, esos que te hacen hervir la sangre o te la congelan, esos que se quedan en casa si hace demasiado frio.

Tú, corazón en llamas que se fundió en unos brazos de los que no abrazan. Tú, que te quedaste plantada delante de unos ojos que miraban a ningún lugar. Tú, que te llenaste de besos vacíos, de esos a los que se les olvidó parar el tiempo y cortarte la respiración. Tú, que agarraste unas manos vacías sin saber que en ellas no había nada, tan solo un poco de carne y hueso.

Tú, llamas que siguen sin apagarse y que no tienen intención de hacerlo. Tú, curiosidad que si se descuida se cae al vacío.

A VECES

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A veces gritamos, gritamos tan alto que nos oyen en todas partes, otras tan bajo que apenas nos oímos a nosotros mismos. A veces se nos corta la voz, como si se cortara el agua, se nos hunden las palabras y nos fallan las cuerdas vocales. A veces nos faltan notas, otras no nos falta nada, tan solo nos faltamos a nosotros mismos. A veces tenemos miedo, miedo a gritar, y nos ahogamos entre las palabras que no decimos, pero no es el miedo a gritar, es el miedo a oír lo que en realidad sentimos, el miedo de oírnos a nosotros mismos, el miedo a creer que estamos en lo cierto. A veces nos engañamos cuando callamos todo aquello que en algún momento hemos pensado, a veces es mejor no creer, tan solo imaginar, a veces morimos imaginando lo que pudimos hacer real, y por cobardes no tuvimos el valor de intentar.

A veces corremos, no importa la dirección, simplemente corremos, dejamos que nuestros pies avancen, más lentos o más deprisa, qué más da, la cuestión es moverse a alguna parte o a ningún lugar, pero sin dejar de correr. A veces huimos de algo, otras veces lo perseguimos, a veces es el miedo a encontrarlo, otras el miedo a no alcanzarlo, y aun persiguiéndolo tenemos preparado un plan C, un camino en el medio por si algo se tuerce y hay que salir por patas de dónde sea que nos hayamos metido.

A veces queremos más lo que está lejos que lo que tenemos cerca, a veces simplemente queremos, sin fronteras, sin distancias, sin porqués que valgan, lo hacemos y punto. A veces nos asusta no saber querer, y nos negamos a hacerlo, aun sintiéndolo, a veces creemos no sentirlo, nos convencemos de que no es real y nos creemos nuestra propia mentira.

A veces dejamos pasar trenes que puede que no vuelvan a pasar, a veces nos pasamos toda la vida en la misma estación, esperando que aquél tren vuelva a parar, y subirnos en él para no bajarnos jamás. A veces hasta perdemos el equipaje, el habla, e incluso la mirada, a veces nos perdemos a nosotros mismos esperando.

A veces puede ser siempre, aunque solo sea a veces.

MAR DESCONOCIDO

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Se sintió vacía, era como si hubiera perdido partes de ella por todos los lugares por los que iba pasando, sus alas ya no le permitían volar tan alto como podía. Se preguntaba por qué era tan difícil ser uno mismo en este mundo en el que vivimos, porqué nos ponemos límites los unos a los otros. Dejarse llevar a veces no es fácil si te cortan el paso, si te van poniendo piedras allí dónde pisas, y al final uno se cansa de tanto escalar, aunque no hay que rendirse nunca.

Se sintió sola, quizás un poco incomprendida, y hasta perdida, su corazón latía muy deprisa y estaba muerta de miedo. No es fácil entrar en terreno desconocido, no sabes por dónde van a atacarte, o por el contrario si van a recibirte con los brazos abiertos y una sonrisa. Ella no era de las que se asustaban fácilmente, era de las valientes, de las que a pesar de estar asustadas se lanzan al vacío a ver qué pasa, y se lanzó. Puede que en algunos momentos se arrepintiera, pero solo eran eso, momentos, tan efímeros como un suspiro. Luego se acordaba del momento en que cogió impulso y se le pasaba, seguía fiel a sí misma, no pensaba abandonar la locura por descubrir lo que le aguardaba la vida, no había nacido para seguir en la comodidad de lo conocido.

Sabía que tenía que ser paciente, que encontrarse en ese mar desconocido no iba a ser fácil, pero anhelaba un hombro en el que apoyarse, y unos brazos que la rodearan para sentirse más segura entre tanto animal. Tan solo necesitaba un abrazo, uno de esos tan dulces que te dejan sin aliento, de los que te recuerdan que el corazón sigue latiendo, que vale la pena seguir viviendo y navegando por ese mar desconocido, que puede albergar nuestra felicidad más absoluta. Buscándola siempre.

PRIMAVERA

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Nací en primavera, entre árboles floreciendo y justo en el momento de enviar el abrigo al rincón del olvido, a ese al que acudimos antes de que termine el otoño. Nací entre los que se desprenden de lo que ya no es necesario, los que se desahogan para no ahogarse. Llegué en ese preciso momento en que abandonaban el frío, en el que la calidez iba impregnando sus cuerpos, en ese momento en que a todos les da por bailar y sonreír.

Quizá sea por eso que hoy me creo poder volar, que me desprendo de todo lo que pesa y ya no necesito, quizá sea el motivo de sentirme tan libre y tener tantas ganas de sonreír a la vida, porqué pintada de primavera aun es más alegre y bonita.

Nací entre hormonas revolucionadas por la llegada del calor, entre mariposas revoltosas que invadían estómagos y en el mío ya se quedaron a vivir para siempre, por eso ese cosquilleo continuo, esa ilusión que permanece siempre, hasta en invierno, esas ganas de querer, y de querer bien.

Ojalá todos fuéramos primavera los 365 días del año, ojalá fuera eterna.

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*Photo: Marta Morera Nieto – Podéis seguirla en instagram: @marrtamn y en su página de facebook: MARTAMN PHOTOGRAPHY

EL CÍRCULO

 

Tuvo esa sensación de estar atrapada en el tiempo, aunque todo a su alrededor seguía el curso natural de la vida, todos menos ella. Era como si estuviera haciendo algo mal, y se empeñaba en buscar los errores, pero no los encontraba, la única forma que se le ocurría para ir al mismo ritmo que los demás era renunciar a ser ella misma. Cuando por un momento se planteaba esa opción no podía evitar reírse de sí misma, ni loca, por nada del mundo renunciaría a ser quién era.

Creía que sería así para siempre, que ella sería eterna, y sus sentimientos también, creía en el hoy, y el ayer aún le parecía presente, el futuro no existía, para ella solo era una ilusión, creada por aquellos que no querían disfrutar del presente y le tenían miedo. Estaba demasiado convencida de que su postura era la correcta y que eran los demás los que se equivocaban continuamente, aunque lo respetaba.

Su actitud la trajo a un mundo en el que cada vez quedaban menos, en que todos a su alrededor iban y venían, ella siempre permanecía, y parecía que así iba a ser para siempre. Aun tener firmes convicciones, a veces se sentía sola, y “a veces” cada vez significaba muchas veces, pero jamás seria para siempre.

Estaba convencida de que no valía la pena luchar por aquellos que nunca dieron nada por ella, sabía que deshacerse de cargas innecesarias la haría más ligera, más libre. Entonces se fue liberando de todas esas almas que solo la entorpecían, quedándose con un pequeño círculo de almas que la seguían allí dónde fuera, que la querían pese a su retorcido carácter, que no se olvidaban de ella a medida que las nubes se instalaban en sus caminos.

Con el tiempo ese pequeño círculo se volvió tan valioso como las estrellas, era el centro de su pequeño universo, su fuerza, sus manos y su libertad. La calidad de lo que la rodeaba era de tal calibre que se sintió ridícula por haberse sentido sola alguna vez, por creer que 10 era mejor que 5.