MELENA DESPEINADA

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Tú, loca por todas esas noches que están por venir, melena al viento y despeinada que sigues sin atar. Tú, que regalas sonrisas a todo aquél que se cruza en tu camino, que muchas veces te pierdes y otras tan solo te autoconvences de que andas perdida, quizá sea por tus ansias de perderte. Tú, criatura rebelde que no entiende de convencionalismos, ni de tradiciones, solo esas que tú te inventas, esas que tienen un sentido especial para ti y para los tuyos, hasta dejas que los demás las compartan contigo. Tú, generosidad que no pierdes ni por los que alguna vez te han dado la espalda.

Tú, palabras al viento que salen con una rapidez que ni tú eres capaz de alcanzar, que se mezclan, hasta les faltan letras y muchas ni se entienden, sí, esas que solo entiendes tú, y las dejas ir, como todo lo que amas, libre, como tú.

Tú, que un día decidiste regalar tu mejor sonrisa, a ese loco que te volvía aún más loca, a ese al que no le gustaban las melenas recogidas, ese al que dejabas tocarte con tan solo mirarte, al que invitaste a entrar en tu vida, aunque solo fuera temporal, una semana, un mes, un año y, si te descuidas, casi toda una vida. Tú, que no le pones límites a nada. Tú, que estás tan loca que hasta abres tu corazón al primero que te da un poco de cariño y algo de libertad.

Tú, que crees en el amor más puro, ese que se encuentra en el centro de todos los sentimientos, esos que cambian según como sople el viento, esos que se encienden con miradas y se apagan con palabras, esos que te hacen hervir la sangre o te la congelan, esos que se quedan en casa si hace demasiado frio.

Tú, corazón en llamas que se fundió en unos brazos de los que no abrazan. Tú, que te quedaste plantada delante de unos ojos que miraban a ningún lugar. Tú, que te llenaste de besos vacíos, de esos a los que se les olvidó parar el tiempo y cortarte la respiración. Tú, que agarraste unas manos vacías sin saber que en ellas no había nada, tan solo un poco de carne y hueso.

Tú, llamas que siguen sin apagarse y que no tienen intención de hacerlo. Tú, curiosidad que si se descuida se cae al vacío.

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A VECES

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A veces gritamos, gritamos tan alto que nos oyen en todas partes, otras tan bajo que apenas nos oímos a nosotros mismos. A veces se nos corta la voz, como si se cortara el agua, se nos hunden las palabras y nos fallan las cuerdas vocales. A veces nos faltan notas, otras no nos falta nada, tan solo nos faltamos a nosotros mismos. A veces tenemos miedo, miedo a gritar, y nos ahogamos entre las palabras que no decimos, pero no es el miedo a gritar, es el miedo a oír lo que en realidad sentimos, el miedo de oírnos a nosotros mismos, el miedo a creer que estamos en lo cierto. A veces nos engañamos cuando callamos todo aquello que en algún momento hemos pensado, a veces es mejor no creer, tan solo imaginar, a veces morimos imaginando lo que pudimos hacer real, y por cobardes no tuvimos el valor de intentar.

A veces corremos, no importa la dirección, simplemente corremos, dejamos que nuestros pies avancen, más lentos o más deprisa, qué más da, la cuestión es moverse a alguna parte o a ningún lugar, pero sin dejar de correr. A veces huimos de algo, otras veces lo perseguimos, a veces es el miedo a encontrarlo, otras el miedo a no alcanzarlo, y aun persiguiéndolo tenemos preparado un plan C, un camino en el medio por si algo se tuerce y hay que salir por patas de dónde sea que nos hayamos metido.

A veces queremos más lo que está lejos que lo que tenemos cerca, a veces simplemente queremos, sin fronteras, sin distancias, sin porqués que valgan, lo hacemos y punto. A veces nos asusta no saber querer, y nos negamos a hacerlo, aun sintiéndolo, a veces creemos no sentirlo, nos convencemos de que no es real y nos creemos nuestra propia mentira.

A veces dejamos pasar trenes que puede que no vuelvan a pasar, a veces nos pasamos toda la vida en la misma estación, esperando que aquél tren vuelva a parar, y subirnos en él para no bajarnos jamás. A veces hasta perdemos el equipaje, el habla, e incluso la mirada, a veces nos perdemos a nosotros mismos esperando.

A veces puede ser siempre, aunque solo sea a veces.

LO QUE NO VES

Awesome.:

No soy lo que ves, soy lo que oculto, todo aquello que se esconde tras mi rostro. Soy ojos que lloran sin derramar lágrimas, que brillan cuando en verdad están inmersos en la oscuridad. Soy todos los “sí” que no digo al pronunciar “no”, todas las palabras que solo oigo en mi cabeza y no consiguen salir. Soy el deseo que escondo tras el pecho, ese que niego si me preguntan, soy el fuego que escondo tras el hielo. Soy las ganas de más cuando pronuncio la palabra “suficiente”. Soy un corazón hecho trizas y lleno de cicatrices, aunque creas que esté bien, aunque sonría y te diga que ya no me duele. Soy todos los abrazos que mis brazos no dan, soy todos los pasos que doy sin apenas mover los pies.

Soy todas las ilusiones que no te cuento para que no te asustes, todas las aventuras en las que me embarco mientras suena esa canción que me recuerda un poco a ti y un poco a mí, soy todos esos  “muchos” que hay detrás de “pocos”. Soy todas esas caricias que te hago sin apenas tocarte, incluso estando a muchos kilómetros de distancia. Soy todo el amor que no me dejas mostrarte, soy todas esas risas que escondo cuando te pones serio. Soy todos esos planes que imagino y ejecuto solo en mi mente. Soy toda la fuerza que retengo por miedo a que llegue el día en que la suelte y se produzca una gran catástrofe.

Soy carne y hueso, y un puñado de “te quieros” que se quedaron atrapados en la garganta y no pudieron salir.

ILÓGICO

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No hay que ir buscando razones lógicas a todo, tenemos esa estúpida manía, incluida yo, tampoco hace falta dar a entender que es imposible engancharse a alguien en una semana, días e incluso horas. Hay cosas que ocurren porqué sí y sentimientos que afloran sin razón, no existen los imposibles y menos cuando se trata de amor. Pueden bastar minutos para sentir que algo se despierta dentro de nuestras almas, con tan solo una mirada o la proximidad de dos cuerpos, es alucinante y misterioso, pero es así y hay que asumirlo. A veces ocurre cuando menos te lo esperas y con quién no creías, pero ocurre, y no hay mucho que hacer.

A mí me ocurrió la primera vez que te vi sonreír, y de hecho fue a los pocos segundos de vernos, lo sentí y los minutos fueron pasando, entonces ya no cabía duda de que lo más probable fuera que me volvieras loca de remate. Efectivamente me volví loca, te pensaba durante todo el día, tenía esa necesidad constante de saber de ti, de hablar contigo, de contarte hasta la tontería más tonta. Quería compartirlo todo, sí, tenías razón, no te conocía suficiente, pero ¿quién marca los umbrales para decidir si es suficiente o no? Puede que yo sea más de las que se dejan llevar por lo que sienten, una de esas impulsivas aventureras que no piensan en lo que ocurrirá mañana, y aun pensándolo deciden guiarse por sus sentimientos.

Ahora que te me escapas como la arena entre los dedos, ahora que noto como te vas alejando, te echo de menos. Para ti seguramente será una gran gilipollez y me tomarás por una loca, pero es así, me muero de ganas de ti, y son tantas que hasta siento una pequeña opresión en el pecho, ilógica sí, pero tan real como tú y como yo.

QUÉDATE

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¿Por qué no saltamos juntos al vacío? ¿Por qué no compartimos el vértigo de lanzarse a lo desconocido? Tú y yo, juntos de la mano. ¿Por qué no me prestas tus brazos y tus abrazos? Quizá tu cariño sea la pieza que me falta para flotar. Que esto no se quede en un cruce de palabras, atrévete, deja que las palabras vuelen, pero tú mejor quédate, con los pies en la tierra, que ya me aseguraré yo de que  vueles también, sin necesidad de abrir las alas. Pero sobretodo no te vayas, quédate, siempre.

QUIÉREME LEJOS

 

 

Ya no hay sitio,

parece que las heridas han cicatrizado muy rápido,

apenas duelen, apenas pueden verse.

Hoy estoy yo aquí y tú ya no estás,

creo que te fuiste para no volver.

No sufras, si quieres volver tendrás una habitación de invitados,

pero solo podrás usarla algunos segundos,

olvídate de ocupar más que eso.

Olvídate de quererme, aunque yo te seguiré queriendo, pero muy lejos de aquí,

tan lejos como las estrellas,

aunque a veces te sienta muy cerca, no será más cerca que la luna.

Si algún día te da por quererme, no seas tonto, quiéreme lejos.

De esta forma te querré y me querrás bien,

de esta forma ambos estaremos a salvo,

el uno del otro.

PESADILLA

Puedo sentir como el viento me acaricia y me susurra que no me preocupe, mi corazón sigue latiendo, con más intensidad de la que puedo percibir, sigo viva y con los pies en la tierra aunque parezca que vuele por las nubes.

Una figura perfecta se distingue entre tanta luz, y esa figura eres tú, me tiendes los brazos y yo me dejo caer en ellos, me atan como si fueran cadenas, ya me siento segura. Tu voz me susurra que jamás me dejarás ir, y entonces creo que voy a estallar de felicidad.

De repente tus brazos se deshacen como el hielo, tu figura ya no se distingue entre tanta luz, apenas puedo verte, aunque sí puedo oír los latidos de tu corazón, tu respiración. Intento agarrarte con todas mis fuerzas, quiero que permanezcas a mi lado, aunque por mucha fuerza que emplee en ello no sirve de nada, tus latidos cada vez son más lejanos y he dejado de oír tu respiración, pronuncio tu nombre pero tu voz ya no responde. Desesperación.

Ya no estás, vuelvo a estar aquí plantada, sin ti, perdida, a la espera de que vuelvas a aparecer, intentado encontrar la fórmula para que no vuelvas a desaparecer.