SOLO ESTA NOCHE

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Quizá sólo sea yo, puede que mejor o peor, quién sabe. Si me descuido me convierto en hielo, pero si me concentro me deshago, que si respiro me convierto en fuego.

Cuéntame una historia, pero no una cualquiera, si puede ser una que no conozca, hazlo de tal forma que me lo crea, haz que tus palabras se claven en cada rendija de mi piel, que las sienta como si fueran mías, cógelas con fuerza por si empieza a soplar el viento, que no vuelen, que si vuelan lo más probable es que vuele con ellas. Pero solo esta noche, una sola y ni una más.

Sírveme una copa de vino, deja cerca la botella, puede que tengas que rellenarla otra vez, todas las que necesite para creerte. Ten a mano un salvavidas también, puede que con tanto vino haya que salir nadando.

Cógeme la mano, agárrala con firmeza, como si quisieras retenerme, como si te asustara que de repente desapareciera, acaríciame los nudillos de las manos, acércate un poco más.

Mírame a los ojos, como si quisieras retener esa imagen para siempre, no tan lejos, necesito que estés más cerca. Deja que nazca el deseo, deja que se apodere de ti, trágate las palabras y que hablen las miradas. No perdamos más el tiempo, no nos queda mucho para que se apaguen las estrellas.

Cuando los rayos de sol empiecen a colarse en la habitación y sólo queden dos copas vacías, coge tus cosas y corre lejos, sé sigiloso, procura que no me despierte. No dejes nada más que lo vivido, y vete.

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EL PRINCIPIO Y EL FIN

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Tocaba cerrar el año, tocaba dejar atrás el pasado y empezar de nuevo, esa delgada línea que hay entre el principio y el fin, ese momento que pasa tan rápido que ni nos damos cuenta.

Y allí estábamos, sentados alrededor de una mesa con algunas caras conocidas y otras no tanto, brindando por ese momento que hacia segundos estábamos ansiando, algunos sólo lo veían como una excusa más para brindar, porqué a lo mejor no habíamos brindado lo suficiente, otros veíamos la oportunidad de empezar de cero, de abandonar todo lo malo y llenarnos de nuevas ilusiones.

Las burbujas bailaban en nuestras copas, casi al ritmo de nuestros corazones, y allí estabas tú, ese al que me prometí dejar atrás al empezar el nuevo año. Esos ojos a los que juré una y mil veces que no volvería a mirar del mismo modo, los volvía a tener delante y se clavaban en lo más profundo de mi alma, despertando todo aquello que creía haber dejado atrás, una vez más volvía a sentirme muy pequeña, tanto como esa burbuja que aun flotaba en esa copa de cava, la que no me iba a terminar.

Otra vez deseando que la noche no se acabara. Otra vez rozando esas manos con cualquier excusa, inventando cualquier movimiento para colarme entre tus brazos.

Me quedé allí plantada adorando tu sonrisa y el brillo de esos ojos, atrapada entre el principio y el fin.

 

CUERPOS DE HIELO

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A veces me da miedo hablar de él, a veces lo siento tan arraigado a mí que incluso le oigo gritar. Es que tiemblo si lo pienso, sí, lo reconozco, lo oculto tanto como puedo. No quiero que se apodere de mí, por eso lo agarro muy fuerte, para que se quede ahí y no salga, no vaya a ser que grite y la ciudad se despierte, no vaya a ser que todos se den cuenta que me tiembla la voz.

Y es que esa coraza que nos hemos construido no nos deja ni siquiera hablar de él, no nos permite ni nombrarlo y si alguien lo hace es que está loco, pero no un loco cualquiera si no uno de los que necesitan ayuda profesional. No nos permitimos dejarlo ir, nos han enseñado que es mejor así, fingir que no existe, aun a sabiendas de que está ahí, a ser duros con el mundo y con nosotros mismos aún más, que eso es lo que importa, ese es el camino al éxito.

Nos hemos convertido en cuadrados porqué ya nos da miedo rodar. Nos hemos quedado helados por el frio que aun está por llegar, tanto que ahora somos el hielo que no se deshace ni en el corazón de un volcán.

Pero no siempre es así, cuándo nadie nos ve, cuando nos cobijamos en nuestros hogares, abrimos una botella de vino y a veces lloramos, otras gritamos, o todo a la vez, la cuestión es sacarlo todo. Ese es el momento en que somos nosotros mismos. Empieza a deshacerse el hielo y arden los corazones, es ese momento en que nada importa porqué no hay nada, tan solo nosotros y el miedo, un cara a cara, y lo que ocurre es que casi siempre le ganamos, quizá no basta con un solo enfrentamiento, puede que necesitemos más de uno o más de 10, lo que está claro es que tarde o temprano lo acabamos venciendo, ¿la prueba? Seguimos vivos.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que cuando sacamos el miedo, aunque sea a golpe frio, cuando nos enfrentamos a él, es cuando somos más valientes, después de todo somos capaces de seguir sonriendo, más vivos, más libres, y esto no es lo que nos contaron, y en ese momento nos abrazamos muy fuerte.

Aun así no tardamos en salir a la calle y nos faltan segundos para decidir que es mejor esconderlo, que no parezcamos débiles, que no seamos carne de cañón, que no nos coman, aunque el de al lado esté igual de asustado, qué más da.

Nos da por creer que enfrentarse al miedo es un asunto personal, quizá sea por eso que en ocasiones tenemos que correr para poder escondernos en cualquier lugar y sacarlo, aunque sea escondidos detrás de la barra de un bar. Quizá sea por eso que el mundo parezca estar lleno de cuerpos de hielo.

MELENA DESPEINADA

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Tú, loca por todas esas noches que están por venir, melena al viento y despeinada que sigues sin atar. Tú, que regalas sonrisas a todo aquél que se cruza en tu camino, que muchas veces te pierdes y otras tan solo te autoconvences de que andas perdida, quizá sea por tus ansias de perderte. Tú, criatura rebelde que no entiende de convencionalismos, ni de tradiciones, solo esas que tú te inventas, esas que tienen un sentido especial para ti y para los tuyos, hasta dejas que los demás las compartan contigo. Tú, generosidad que no pierdes ni por los que alguna vez te han dado la espalda.

Tú, palabras al viento que salen con una rapidez que ni tú eres capaz de alcanzar, que se mezclan, hasta les faltan letras y muchas ni se entienden, sí, esas que solo entiendes tú, y las dejas ir, como todo lo que amas, libre, como tú.

Tú, que un día decidiste regalar tu mejor sonrisa, a ese loco que te volvía aún más loca, a ese al que no le gustaban las melenas recogidas, ese al que dejabas tocarte con tan solo mirarte, al que invitaste a entrar en tu vida, aunque solo fuera temporal, una semana, un mes, un año y, si te descuidas, casi toda una vida. Tú, que no le pones límites a nada. Tú, que estás tan loca que hasta abres tu corazón al primero que te da un poco de cariño y algo de libertad.

Tú, que crees en el amor más puro, ese que se encuentra en el centro de todos los sentimientos, esos que cambian según como sople el viento, esos que se encienden con miradas y se apagan con palabras, esos que te hacen hervir la sangre o te la congelan, esos que se quedan en casa si hace demasiado frio.

Tú, corazón en llamas que se fundió en unos brazos de los que no abrazan. Tú, que te quedaste plantada delante de unos ojos que miraban a ningún lugar. Tú, que te llenaste de besos vacíos, de esos a los que se les olvidó parar el tiempo y cortarte la respiración. Tú, que agarraste unas manos vacías sin saber que en ellas no había nada, tan solo un poco de carne y hueso.

Tú, llamas que siguen sin apagarse y que no tienen intención de hacerlo. Tú, curiosidad que si se descuida se cae al vacío.

A VECES

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A veces gritamos, gritamos tan alto que nos oyen en todas partes, otras tan bajo que apenas nos oímos a nosotros mismos. A veces se nos corta la voz, como si se cortara el agua, se nos hunden las palabras y nos fallan las cuerdas vocales. A veces nos faltan notas, otras no nos falta nada, tan solo nos faltamos a nosotros mismos. A veces tenemos miedo, miedo a gritar, y nos ahogamos entre las palabras que no decimos, pero no es el miedo a gritar, es el miedo a oír lo que en realidad sentimos, el miedo de oírnos a nosotros mismos, el miedo a creer que estamos en lo cierto. A veces nos engañamos cuando callamos todo aquello que en algún momento hemos pensado, a veces es mejor no creer, tan solo imaginar, a veces morimos imaginando lo que pudimos hacer real, y por cobardes no tuvimos el valor de intentar.

A veces corremos, no importa la dirección, simplemente corremos, dejamos que nuestros pies avancen, más lentos o más deprisa, qué más da, la cuestión es moverse a alguna parte o a ningún lugar, pero sin dejar de correr. A veces huimos de algo, otras veces lo perseguimos, a veces es el miedo a encontrarlo, otras el miedo a no alcanzarlo, y aun persiguiéndolo tenemos preparado un plan C, un camino en el medio por si algo se tuerce y hay que salir por patas de dónde sea que nos hayamos metido.

A veces queremos más lo que está lejos que lo que tenemos cerca, a veces simplemente queremos, sin fronteras, sin distancias, sin porqués que valgan, lo hacemos y punto. A veces nos asusta no saber querer, y nos negamos a hacerlo, aun sintiéndolo, a veces creemos no sentirlo, nos convencemos de que no es real y nos creemos nuestra propia mentira.

A veces dejamos pasar trenes que puede que no vuelvan a pasar, a veces nos pasamos toda la vida en la misma estación, esperando que aquél tren vuelva a parar, y subirnos en él para no bajarnos jamás. A veces hasta perdemos el equipaje, el habla, e incluso la mirada, a veces nos perdemos a nosotros mismos esperando.

A veces puede ser siempre, aunque solo sea a veces.

LO QUE NO VES

Awesome.:

No soy lo que ves, soy lo que oculto, todo aquello que se esconde tras mi rostro. Soy ojos que lloran sin derramar lágrimas, que brillan cuando en verdad están inmersos en la oscuridad. Soy todos los “sí” que no digo al pronunciar “no”, todas las palabras que solo oigo en mi cabeza y no consiguen salir. Soy el deseo que escondo tras el pecho, ese que niego si me preguntan, soy el fuego que escondo tras el hielo. Soy las ganas de más cuando pronuncio la palabra “suficiente”. Soy un corazón hecho trizas y lleno de cicatrices, aunque creas que esté bien, aunque sonría y te diga que ya no me duele. Soy todos los abrazos que mis brazos no dan, soy todos los pasos que doy sin apenas mover los pies.

Soy todas las ilusiones que no te cuento para que no te asustes, todas las aventuras en las que me embarco mientras suena esa canción que me recuerda un poco a ti y un poco a mí, soy todos esos  “muchos” que hay detrás de “pocos”. Soy todas esas caricias que te hago sin apenas tocarte, incluso estando a muchos kilómetros de distancia. Soy todo el amor que no me dejas mostrarte, soy todas esas risas que escondo cuando te pones serio. Soy todos esos planes que imagino y ejecuto solo en mi mente. Soy toda la fuerza que retengo por miedo a que llegue el día en que la suelte y se produzca una gran catástrofe.

Soy carne y hueso, y un puñado de “te quieros” que se quedaron atrapados en la garganta y no pudieron salir.

ILÓGICO

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No hay que ir buscando razones lógicas a todo, tenemos esa estúpida manía, incluida yo, tampoco hace falta dar a entender que es imposible engancharse a alguien en una semana, días e incluso horas. Hay cosas que ocurren porqué sí y sentimientos que afloran sin razón, no existen los imposibles y menos cuando se trata de amor. Pueden bastar minutos para sentir que algo se despierta dentro de nuestras almas, con tan solo una mirada o la proximidad de dos cuerpos, es alucinante y misterioso, pero es así y hay que asumirlo. A veces ocurre cuando menos te lo esperas y con quién no creías, pero ocurre, y no hay mucho que hacer.

A mí me ocurrió la primera vez que te vi sonreír, y de hecho fue a los pocos segundos de vernos, lo sentí y los minutos fueron pasando, entonces ya no cabía duda de que lo más probable fuera que me volvieras loca de remate. Efectivamente me volví loca, te pensaba durante todo el día, tenía esa necesidad constante de saber de ti, de hablar contigo, de contarte hasta la tontería más tonta. Quería compartirlo todo, sí, tenías razón, no te conocía suficiente, pero ¿quién marca los umbrales para decidir si es suficiente o no? Puede que yo sea más de las que se dejan llevar por lo que sienten, una de esas impulsivas aventureras que no piensan en lo que ocurrirá mañana, y aun pensándolo deciden guiarse por sus sentimientos.

Ahora que te me escapas como la arena entre los dedos, ahora que noto como te vas alejando, te echo de menos. Para ti seguramente será una gran gilipollez y me tomarás por una loca, pero es así, me muero de ganas de ti, y son tantas que hasta siento una pequeña opresión en el pecho, ilógica sí, pero tan real como tú y como yo.